LA MODA INDÍGENA MEXICANA. PARTE 1.

MODA INDIGENA MEXICANA

LA MODA INDÍGENA MEXICANA. PARTE 1.


CONOCE LA MODA INDÍGENA MEXICANA. PARTE 1.

 

En esta entrada analizaremos la moda indígena mexicana, de la manera en que resurge identidad indígena en la moda mexicana, cuál es su proceso de creación, el por qué la moda de lujo copia a las indígenas mexicanas y  el saqueo cultural llega a la pasarela, por qué sí es apropiación cultural, además que la tradición textil indígena en la moda contemporánea llega a la alta costura mexicana y por qué detrás de la silueta existe un patronaje indígena geométrico

 

La identidad indígena resurge en la moda mexicana

Las prendas con bordados a mano que por años han elaborado y lucido las mujeres indígenas llegan a las pasarelas de moda y a las calles mexicanas gracias a los diseñadores que apuestan por volver a las raíces. La diseñadora Paulina Fosado afirmaba ya hace unos diez años que “nuestra moda está inspirada en amar quienes somos, en nuestras raíces, en lo que somos como mexicanas actuales, por eso utilizamos los textiles indígenas, porque amamos el trabajo de las manos hacedoras de México y lo reinventamos nosotras para hacerlo moda».

Junto con su hermana fundó hace diez años su marca, «Paulina y Malinali», a la que califican como «moda mexicana contemporánea» porque es ropa para mujeres de hoy, pero utilizando el gran legado cultural que tiene este gran país latinoamericano. Pese a que su firma es pequeña porque si no, aseguran, perdería su esencia, las diseñadoras contaron que cada día tienen más trabajo porque hay más mujeres a quienes les encanta salir con prendas así.

Es que las mujeres cuando hace un tiempo se ponían algo indígena, la percepción de la gente en general era que estaban vistiendo un disfraz. Pero el avance que se hizo en la moda en base a la herencia cultural mexicana, ha hecho que cada vez las mujeres mexicanas valoren mucho más el ponerse una prenda hecha con el esfuerzo, trabajo y diseños netamente autóctonos.

De hecho, en opinión de Malinali, hay un «boom» en el mundo con la moda, el diseño indígena es inspiración, pues muchos grandes diseñadores utilizan para sus creaciones tejidos, bordados e impresiones «en copia de los textiles mexicanos». Cada una de sus piezas es única, algunas para uso cotidiano y otras para ocasiones especiales, y pueden costar desde unos 2.500 pesos (unos 152 euros o 195 dólares) una blusa con bordados hasta los 15.000 (900 euros o 1.160 dólares) o 20.000 (1.200 euros o 1.542 dólares) un vestido de gala.

 

El proceso de creación.

El proceso de creación comienza con la compra de los textiles y después se diseña la pieza, unas cinco por semana, la mayoría por encargo. Así trabaja también el diseñador Armando Mafud, quien se considera uno de los precursores del uso de los tejidos tradicionales en su moda, que define con fuerza y acentos mexicanos muy definidos para una mujer que tiene personalidad”.

“Son piezas únicas todas, es una fusión entre lo moderno y lo indígena sin llegar a ser folclórico”, explica el diseñador, quien también produce piezas bajo encargo con un precio a partir de 5.000 pesos (300 euros o 385 dólares). Pero Mafud que es muy consciente de este particular boom que existe en la actualidad con el uso de estos materiales, ya venía advirtiendo en los últimos años del peligro de que se dé un mal uso de los mismos y de que se falte el respeto a los artesanos.

Es una cuestión que se entiende hay que seguir escrupulosamente en cuanto al respeto a los artesanos, a los indígenas, y especialmente debe quedar bien marcado en lo que un diseñador hace, ya que no basta con ponerle una flor bordada a un pantalón vaquero, sino que tiene que haber una idea, una línea, una proyección.

Es el caso de las jóvenes diseñadoras de la firma de complementos Maka que lo vieron claro cuando en el momento en que terminaban sus estudios universitarios, se daban las circunstancias que eran tiempos en los que hacía falta volver a los orígenes. De ahí que Karla Urruchúa, una de las dueñas de la firma, afirmaba por entonces que “México estaba pasando por una crisis y creímos que era muy buen momento para presentarle al mundo las cosas buenas que tiene nuestro país que ofrecer».

Trabajan con indígenas de Chiapas, quienes les hacen los bordados para sus complementos, sobre todo bolsos, y luego llegan al Distrito Federal para ensamblarlos con las pieles y hacer piezas únicas. Fabrican entre 100 y 150 piezas al mes, la mayoría bolsos con precios a partir de 2.000 pesos (120 euros o 154 dólares).

«Queríamos dar a conocer a la gente aquí en México y en el extranjero todas las técnicas artesanales que tiene nuestro país, haciendo comercialmente viables y que no fueran solo un souvenir, que fueran de calidad y pudieran competir a nivel global», añadió. En opinión de la joven de 25 años, las tendencias van hacia mezclar lo étnico y lo indígena con lo moderno, para dar una seña distinta de identidad.

Según Paulina Fosado, México «necesita reencontrarse» con sus orígenes. En este momento complicado por la ola de violencia que sufre el país, «la gente se ha unido» y acercado a su esencia, y esto se refleja en la moda. «Nos estamos reencontrando (con nuestras raíces) y por eso la gente cada vez más piensa, ¿por qué no ponerme algo de México cuando soy mexicana?», añadió la diseñadora.

 

La moda de lujo copia a las indígenas mexicanas: el saqueo cultural llega a la pasarela.

No es una cuestión baladí, cuando el gobierno mexicano acusaba en junio de 2019 a Carolina Herrera de plagio y apropiación cultural en su última línea, Resort 2020, que copiaba diseños de diversas comunidades indígenas «Fresca, juvenil y fiel a las raíces de la marca», así definía el director creativo Wes Gordon su nueva colección para Carolina Herrera: Resort 2020.

La crítica inmediata que se le hizo era que o bien Gordon desconocía las raíces venezolanas de la famosa diseñadora o metía en el mismo saco a todas las identidades latinoamericanas sin distinción, ya que los modelos acusados de plagio pertenecían a diversas comunidades indígenas de México.

 

La línea roja que separa la inspiración del robo en propiedad intelectual es difusa, peligrosa y abunda en el terreno de lo legal. Sin embargo, en cuanto a identidades minoritarias, las leyes tienen poco que decir. Es por ello que el Ministerio de Cultura de México oportunamente reclamara explicaciones a la marca a través de una carta, en la que aseguraba que el origen indígena de los patrones robados está «plenamente fundamentado».

 

La colección de Carolina Herrera incluía animales bordados como los de Tenango de Doria, reproducía las coloridas líneas horizontales del sarape de la ciudad de Saltillo y las flores que lucen las mujeres oaxaqueñas del Istmo de Tehuantepec. Son iguales (o por lo menos muy similares), pero el significado y la forma de elaboración están a años luz unos de otros. Para las artesanas mexicanas, cada hilo cuenta una historia y cada pieza creada con mimo requiere semanas de confección.

Es tal la fuerza narrativa que hacen estas artesanas sobre sus creaciones que se niegan a desvelar el significado. Lo guardan como un valioso legado y esto lo pudo comprobar una redactora del LatinAmerican Post durante un reportaje sobre el universo de la moda indígena, en el cual sorprendida dijo que al no transmitir estos secretos, “parece que las artesanas están entendiendo mejor que nadie el rasgo identitario de la prenda, pues ellas son las guardianas de esta identidad».

Pero no todo el mundo lo comprende con tanta delicadeza y Carolina Herrera no ha sido la primera. En 2015, la diseñadora Isabel Marant fue un paso más allá e intentó patentar los tejidos mixe, de Oaxaca. Un año antes, la española Stella Rittwagen fue señalada por comercializar una colección con diseños Wayúu.

Sin remontarse tanto, en 2018 la polémica alcanzó la New York Fashion Week de la mano de Michael Kors por unas sudaderas sospechosamente parecidas a las de los mercados mexicanos. De ahí que en las redes sociales se haya reclamado y también denunciado que debería exigirse un comportamiento más ético en el mundo del diseño. El argumento más socorrido es el de que las grandes marcas solo pretenden rendir tributo a estas comunidades, y Carolina Herrera no ha sido menos. En palabras de su director creativo, Wes Gordon, Resort 2020 homenajea «la riqueza de la cultura mexicana» y destaca el «maravilloso y diverso trabajo artesanal» del país.

Aunque no existen leyes al respecto, el artículo 31 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas recoge el derecho a «mantener, controlar, proteger y desarrollar la propiedad intelectual de su patrimonio cultural, sus conocimientos tradicionales y sus expresiones culturales tradicionales».

Por eso, el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) ha puesto en marcha acciones legales para llevar el último plagio de Carolina Herrera a los tribunales. Además, el propio presidente López Obrador ha anunciado la elaboración de un informe sobre el caso de la marca estadounidense.

 

«El Gobierno mexicano probablemente tenga el problema de demostrar en un juicio que esto ha sido así y no producto de una inspiración, de una creación artística de la libre creatividad», reconocen desde la plataforma Comercio Justo.

 

Recuerdan que las grandes multinacionales suelen blindarse con buenos asesores y abogados y que solo «en el Parlamento Europeo hay 25.000 lobbistas trabajando para ellas», según recoge un informe de Ecologistas en Acción. Desde Comercio Justo hacen un doble trabajo de denuncia, «sobre todo en el sector textil, que representa muy bien el modelo de producción y distribución capitalista», explica su directora, Marta Lozano.

Sin embargo, al igual que en otras ocasiones han puesto a Inditex, Benetton, El Corte Inglés o Mango en el centro de la diana por «los atentados que provocan en el medio ambiente y las condiciones laborales de las personas que trabajan en sus cadenas de suministro«. O sea, que todas estas marcas se rigen por las reglas del mercado convencional y que no son las del Comercio Justo. «Una dedica dos semanas para terminar una chamarra (camisa) y le dan 150 pesos (7 euros).

Es muy poco, pero no nos queda más remedio que aceptarlo por necesidad», denunció Margarita, una de las tejedoras de un poblado de Chiapas que acusaron a Zara del plagio de una de sus prendas tradicionales hace apenas un año. La historia se repite.

Al igual que el INPI, Lozano opina que «efectivamente, expropian a las comunidades de sus conocimientos y de sus prácticas ancestrales para beneficio de una compañía y de sus accionistas». Por mucho que el gobierno mexicano lo exija, las artesanas no verán su trabajo recompensado en forma de royalties, porque para eso es necesario un sistema de exigencias obligatorio, no potestativo como el actual, aunque algunos gobiernos y organizaciones como Comercio Justo están trabajando en ello.

 

¿Por qué sí es apropiación cultural?.

MODA INDIGENA MEXICANA

Este tema ha vuelto a abrir el melón de la apropiación cultural, un debate que genera urticarias y desconfianza. Pero, como dice el activista y periodista Moha Gerehou, el expolio «siempre estuvo ahí» y en manifestaciones muy diversas. Lo que no puede hacerse es dejarlo como una discusión de las tantas que se realizan en Twitter, cuando en realidad tiene un profundidad histórica y cultural, que además es un debate que está en la calle y del cual toda la población mexicana habla de ello.

 

Según Gerechou, el problema no está en inspirarse en otros artistas o en movimientos para crear, sino en las marcas que “directamente roban diseños, borran la identidad de unos creadores sin apenas capacidad de reclamar para luego sacar provecho económico de ello, y aplastando así una vía de desarrollo en países históricamente explotados».

 

Usar la carta de la visibilización invisibilizando a la comunidad a la que se pretende homenajear es una estrategia falsaria. Aún peor si dichas campañas impactan de forma negativa en las mismas, y Resort 2020 lo hacía. Esto provoca pérdidas económicas para las artesanas, ya que venden las piezas a un precio astronómico, despojándolas del valor cultural, debilitando su patrimonio indígena y ahondando en una mayor precarización.

Homenaje respetuoso, sí. Explotación, no. Según los críticos y personalidades que vienen denunciando este expolio, el respeto hacia esta cultura y tradición artesanal sigue siendo la única salida para que los elementos “que nos definen sean algo de lo que disfrutar y admirar por todos, y no una manera más de dominar a tantos».

Por eso estas mismas voces críticas sostenían que era el turno de Carolina Herrera de recoger el guante y convencer al gobierno mexicano de que su intención siempre ha sido loable y que responde a ese respeto y tradición.

 

La tradición textil indígena en la moda contemporánea: alta costura mexicana.

 

La tradición textil indígena ha tomado un papel importante en la moda contemporánea y debemos apreciarla. Y lo importante es que la herencia textil en México es milenaria. El saber hacer y transmitido de generación en generación de los pueblos indígenas es un patrimonio latente.

Esta artesanía en constante evolución es un ejemplo de adaptación y permanencia. En las últimas décadas, su amalgama de alguna manera con la moda occidental para crear nuevos diseños y productos, ha implicado atención, reconocimiento y apreciación a estas técnicas, abriendo un debate necesario sobre la manera correcta de trabajar con ellas para respetar las culturas en este intercambio.

Nos acercamos a diseñadores pioneros, consolidados y emergentes quienes trabajan con comunidades artesanas, para entablar un diálogo sobre la integración de su conocimiento ancestral en la moda contemporánea:  Carmen Rion , Carla Fernández , Dulce Martínez de Fábrica Social , Francisco Cancino , Guillermo Jester y Andrea Velasco nos comparten su visión.

 

Detrás de la silueta de un patronaje indígena geométrico

El patronaje indígena es geométrico por la forma de sus textiles, que tienen origen en el telar de cintura (más adelante, también se utilizó el telar de pedal). Esta técnica da como resultado páneles rectangulares y cuadrados que se unen por medio de puntadas hechas a mano para crear la pieza final. “No llevan cierres ni botones, sino que los lienzos se van amoldando a la silueta y al cuerpo a través de amarres, y las piezas se van adaptando a la identidad de cada cultura por medio de colores, la disposición de los lienzos, la iconografía y la técnica artesanal”, explica Guillermo Jester.

El principio de sumergir al cuerpo en un cuadro le da un carácter primitivo a la indumentaria que evoluciona a partir del sincretismo, de acuerdo con Cancino. Debemos recordar que por sincretismo se entiende el proceso mediante el cual se concilian o amalgaman diferentes expresiones culturales o religiosas para conformar una nueva tradición.

 

“Por un lado, tenemos los textiles milenarios, y por otro, viene la moda colonial. A partir de la introducción de los textiles prefabricados surge el folclore”. Sin embargo, las culturas mesoamericanas no son las únicas sociedades en inspirar su indumentaria en la geometría.

 

Carla Fernández señala la interesante similitud con el Antiguo Oriente: “No había tijeras ni corte, por eso vienen de la unión de lienzos como en el kimono o el sari, y así se obtienen siluetas geométricas. Existe una influencia de los pueblos originarios”. En cuanto a los bordados, brocados y patrones ornamentales, también se sigue una lógica matemática cargada de precisión. Carmen Rion señala la complejidad del trabajo en los diseños geométricos que se forman gracias a la abstracción del orden horizontal y vertical de los tejidos.

 

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