Las joyas de Patrimonio Nacional. Parte II

Las joyas de Patrimonio Nacional. Parte II

Relojes

721 obras que abarcan desde finales del siglo XVI hasta los primeros años del siglo XX

La historia de relojes entre 1583 e inicios del siglo XX

 

La colección de relojes de Patrimonio Nacional cuenta en la actualidad con 721 obras, fechadas entre 1583 y los primeros años del siglo XX, que se encuentran distribuidas por los palacios y monasterios reales.

Los monarcas españoles siempre manifestaron interés por los relojes, sobre todo a partir de Carlos V y Felipe II, cuando creció la afición por estos objetos mecánicos y científicos.

 

La obra más antigua es de Hans de Evalo

Felipe II reunió en el Alcázar madrileño varios relojes, de los que se conserva uno en forma de candil fabricado en Madrid en 1583 por el maestro bruselés Hans de Evalo, la obra más antigua conservada en la colección.

La Casa de Austria incrementó la colección

Los reyes de la Casa de Austria enriquecieron la colección sobre todo con relojes procedentes de Alemania, pero casi todos ellos perecieron en el incendio del Alcázar.

Felipe V y su interés por los relojes

 

Felipe V, primer monarca de la dinastía borbónica, demostró desde su llegada a España un gran interés por estos objetos, primando aquellos de fabricación y procedencia inglesa.

A su hijo Fernando VI le gustaban más los pequeños relojes de coleccionismo. Aún así se rodeó de magníficas obras de origen inglés construidas por John Ellicott y George Graham, al tiempo que impulsó la formación de algunos relojeros españoles perfeccionando sus estudios en el extranjero.

Durante su reinado llegaron a España los primeros relojes suizos con autómatas, caprichos que deleitaron sus últimos días, como el conocido como El Pastor fabricado por Pierre Jaquet-Droz.

Carlos III creó una escuela de relojería

Su hermano Carlos III intentó establecer una escuela de relojería en la Corte. Promovió y apoyó a los hermanos Charost, relojeros franceses, en la apertura de una escuela-fábrica de relojería en Madrid que perfeccionara la técnica aprendida por los españoles. El objetivo era la fabricación de máquinas que pudieran competir con la industria francesa y abaratar costes en una economía cada vez más pertrecha.

Carlos IV también sentía atracción por los relojes

Carlos IV se sintió atraído desde su juventud por los relojes, e incluso dispuso en palacio de su propio taller, donde creó y reparó maquinarias. El rey y su esposa María Luisa de Parma invirtieron grandes sumas de dinero en adquirir un importante conjunto destinado a decorar el Palacio Nuevo de Madrid y las casas de recreo, en especial la Casa del Labrador de Aranjuez.

El marchand francés Godon

Aunque el monarca contó con varios agentes comerciales, el proveedor más importante y conocido de todos fue el marchand-mercier francés François Louis Godon, a quien se le encargaron obras que pudieran enriquecer la decoración de los palacios y casas reales.

 

Es el caso de los dos grandes relojes de mármol y bronce que actualmente decoran el Salón del Trono del palacio madrileño; y del reloj conocido como La Péndola de El Tiempo, en la Antecámara Gasparini del mismo palacio.

 

Durante este reinado también se fabricaron los mejores relojes españoles realizados por Manuel Gutiérrez, Manuel de Rivas, Antonio Molina y Salvador López.

Palacios esquilmados durante la Guerra de la Independencia

Tras la Guerra de la Independencia, Fernando VII se encontró con los palacios esquilmados durante la invasión napoleónica.

Por ello solicitó inventarios de todos los bienes que habían quedado en los reales oficios y comenzó a comprar relojes princpalmente franceses.

El apogeo de la escuela francesa

 

La escuela francesa estaba en pleno apogeo y las cajas de los relojes representaban temas inspirados en la antigüedad y en la literatura clásica que contribuían a potenciar la imagen del monarca.

 

Sus sucesores, Isabel II, Alfonso XII y Alfonso XIII, incorporaron nuevos ejemplares fieles a la moda imperante en la segunda mitad del siglo XIX y primera década del siglo XX.

Instrumentos Musicales

 

 

Destaca por su singularidad el Cuarteto Palatino realizado por Antonio Stradivarius

La colección está compuesta por instrumentos musicales y por otros instrumentos mecánicos y aparatos productores de música, con sus soportes de sonido.

Desde el siglo XVI al XX

En total son 379 objetos que abarcan desde los siglos XVI al XX, repartidos por todos los Reales Sitios y Patronatos.

A pesar de su reducido volumen, entre ellos se encuentran obras que destacan por su calidad y por su valor cultural y musical.

Estas joyas musicales permiten conocer los gustos y las modas que imperaban en la Corte española, desde el siglo XVI hasta el primer tercio del siglo XX, puesto que la colección finaliza con las últimas incorporaciones en tiempos de Alfonso XIII.

Entre ellos sobresale sin parangón el cuarteto decorado, conocido también como Cuarteto Palatino, compuesto por dos violines, una viola y un violonchelo, así como el violonchelo de 1700, realizados todos ellos por Antonio Stradivarius.

Junto a éstos, encontramos otras obras excepcionales: el virginal de Hans Bos o el realejo denominado de la reina Juana, ambos en el Monasterio de Tordesillas, del siglo XVI; el contrabajo de Nicola Amati del siglo XVII; los pianos de mesa, bellamente decorados, del siglo XVIII; las arpas de Holzman o Erard del XIX; sin olvidar el magnífico órgano de la Capilla del Palacio Real, construido por Jorge Bosch, en 1778.

Otros instrumentos completan la colección, como las guitarras, violas y violines, órganos, armonios, pianos, trompetas y cornetas, pianolas, fonógrafos y gramófonos con sus cilindros, rollos y discos, estuches y contenedores, así como un quirogimnasio del siglo XIX para ejercitar los dedos en la interpretación del piano.


Corona de Nuestra Señora de Atocha

Corona de Nuestra Señora de Atocha

 

Narciso Práxedes Soria (1786-1854) y Manuel de Diego Elvira (+1862)

Isabel II, hija de Fernando VII y de María Cristina, fue proclamada Reina al alcanzar la mayoría de edad en 1844.

Al igual que a su madre siempre le gustaron las joyas y reunió una importante colección. Los diseños de las piezas que lucía eran aparatosos y siempre llevaban engastados piedras de gran tamaño.

Fiel a la tradición de la Corona española, tras el natalicio de la princesa Isabel la reina acudió el 2 de febrero de 1852 a visitar la Real Capilla de Atocha, en señal de gratitud por el feliz acontecimiento y para presentar a la Virgen a la recién nacida.

En el trayecto, en la Galería del Palacio Real el cura Martín Merino se abalanzó sobre la Reina y le asestó una puñalada que pudo ser mortal, de no desviarse la hoja del cuchillo al chocar con las ballenas del corsé de la soberana. Doblemente agradecida, la reina ofreció como exvoto a la Virgen las joyas que lucía ese día, actuando como donante el conde de Pinohermoso, mayordomo mayor de la Reina.

Las joyas realizadas por el platero de oro y diamantista Narciso Práxedes Soria fueron: una corona de plata dorada para la Virgen y otra más pequeña para el Niño, un rostrillo y un halo o resplandor, todo ello guarnecido con brillantes y topacios del Brasil.

Además realizó un ramo de brillantes montados en plata y un broche de pecho de brillantes montados en oro con esmaltes verdes, actualmente desaparecidos.

En el trabajo, a Narciso Soria le debió ayudar su hijo Ildefonso y otro de los oficiales de su obrador, Manuel de Diego Elvira.

La corona de la Virgen y la del Niño tienen el mismo diseño. El aro distribuido en tres franjas se remata con una crestería de hojas de trébol, de la que parten seis imperiales que se unen en el centro sirviendo de soporte a la bola rematada por la cruz. Las coronas están realizadas en plata dorada cuajada de brillantes y topacios del Brasil, engastados al aire.

El halo o resplandor está guarnecido en su cerco por diecinueve topacios montados al aire unidos entre sí por un motivo vegetal cuajado de brillantes. De él parten los rayos de plata dorada interrumpidos a intervalos por otros cuajados de brillantes. Se remata con una cruz formada por once topacios rodeados de brillantes. El rostrillo de diseño vegetal luce también en el marco grandes topacios alternando con brillantes sobre todo en el copete, de perfil triangular y en la parte inferior.

El artista Práxedes Soria era de Madrid

Narciso Práxedes Soria nació en Madrid en 1786. Era hijo de Narciso Severo Soria (1755-1834). Comenzó su labor profesional durante el reinado de Fernando VII.

El 9 de junio de 1815 recibió los honores de platero diamantista de Cámara. En 1823 ascendió a primer diamantista de Cámara. Obtuvo también el cargo de jefe del Real Guardajoyas de la reina otorgado por Fernando VII el 13 de noviembre de 1823. Continuó trabajando para la reina Isabel II realizando gran número de joyas tanto para ella como para la infanta Luisa Fernanda y otras damas de la corte, entre ellas la duquesa de Osuna y la de Medinaceli.

El 8 de marzo de 1843 recibió el encargo de fabricar dos aderezos de brillantes y topacios del Brasil para la reina y para su hermana, la infanta Luisa Fernanda. Los aderezos estaban compuestos de collar, pendientes y alfiler. El de la reina llevaba 479 brillantes y 18 topacios. Este pequeño aderezo pudo ser ampliado y enriquecido años más tarde por el platero, y tal vez utilizado por la reina el día que acudió a la basílica de Atocha. Soria falleció el 13 de noviembre de 1854 después de haber solicitado varios permisos para tomar las aguas en Sacedón (Guadalajara).

Manuel de Diego Elvira, que fue oficial mayor en el taller de Soria, sustituyó a éste en el puesto de joyero y diamantista de cámara. Fue nombrado el 15 de mayo de 1855 ayuda del Real Guardajoyas. Realizó la custodia para el templo de Nuestra Señora de Atocha, una corona para la reina Isabel II y varias coronas y rostrillos para imágenes religiosas. Falleció el 4 de septiembre de 1862.

Referencias

LAS JOYAS DE LA FAMILIA REAL ESPAÑOLA

https://enriqueortegaburgos.com/las-joyas-de-la-familia-real-espanola/

 

 

 

 

 

 



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