Las joyas de Patrimonio Nacional. Parte I

Las joyas de Patrimonio Nacional. Parte I

Isabel la Católica, un cuadro icónico

En nuestra foto de portada el icónico retrato de Isabel la Católica, pintado por Juan de Flandes, en 1500-1504. Este óleo sobre tabla muestra a Isabel la Católica envejecida, pese a que su edad no era avanzada, ya que murió con 53 años.

Los especialistas aseguran que corresponde a los últimos años de su vida, tras haber sufrido tres pérdidas muy dolorosas.

El Patrimonio Nacional tiene dos elementos fundamentales a los fines de su valoración: el valor intrínseco de cada una de sus obras; el valor casi imposible de calcular desde el punto de vista histórico.

Platas y metales

Arca de San Víctor

Los monarcas españoles reunieron un cuantioso número de piezas labradas en oro y plata, enriquecidas a veces con piedras preciosas

Entre las piezas más antiguas conservadas se encuentran una corona y una cruz procedentes del tesoro visigodo de Guarrazar.

En el Alcázar madrileño y en los monasterios reales se atesoraron durante siglos estas ricas piezas realizadas en metales nobles.

Obras que financiaron guerras

Muchas de estas obras fueron vendidas por Felipe V para financiar la guerra de Sucesión.

Otras desaparecieron poco después en el incendio del Alcázar en 1734 y algunas más fueron fundidas y transformadas por los propios plateros, siguiendo la práctica habitual de aprovechar el metal para fabricar nuevos objetos.

La fábrica de platería de Madrid

A finales del siglo XVIII se fundó la Fábrica de Platería de Madrid dirigida por Antonio Martínez bajo patrocinio real.

Fue el intento más serio y duradero de industrialización de la España del siglo XVIII en el ámbito de la platería, de acuerdo con el espíritu ilustrado del siglo.

Al servicio de Carlos IV, Fernando VII e Isabel II

La fábrica se encargó de hacer piezas para el servicio del rey Carlos IV, Fernando VII e Isabel II.

De la primera época se conservan pocos ejemplares porque las ricas vajillas, los objetos de tocador y casi todas las piezas de uso religioso fabricadas antes de 1808 desaparecieron durante la Guerra de la Independencia, cuando el rey José Bonaparte mandó fundirlas para cubrir los gastos de la contienda.

En la segunda etapa de la Fábrica, tras el fallecimiento del fundador, se ejecutó el exquisito juego de tocador de María Isabel de Braganza, segunda esposa de Fernando VII, regalado a la reina por el Ayuntamiento de Madrid con motivo de su compromiso en 1815.

 

Además los monarcas adquirieron una gran variedad de objetos para el servicio de la mesa y otros conmemorativos y de recuerdo.

 

La decoración de los palacios reales y de las casas de recreo propició la incorporación de destacados adornistas italianos y broncistas nacionales y extranjeros.

Para el servicio de mesa surge el surtout, conjunto de elementos de orfebrería que servían de soporte y contenedor de alimentos, como los dulceros, saleros, compoteras y recados de vinagreras.

Con el paso del tiempo, los surtout perdieron su función utilitaria y se convirtieron en preciosos objetos de decoración, destacando por su exquisitez Pierre-Philippe Thomire.

Importaciones de Francia e Inglaterra

Durante la segunda mitad del siglo XIX el comercio con Francia e Inglaterra propició la importación masiva de vajillas, servicios de mesa y objetos de adorno.

De talleres españoles son las vajillas y juegos de café de Marquina y Espuñes, el servicio de mesa realizado por Francisco Marzo para los banquetes oficiales del rey Alfonso XII y la cubertería que aun se utiliza en las cenas de Estado.

Las piezas adquiridas a Charles Christoffle y a la firma inglesa Mappin y Webb completan esta colección que alcanza hasta 1931.

 

En el apartado de joyería destaca el valioso conjunto conocido como Tesoro de la Virgen de Atocha, integrado por rostrillo, resplandor y dos coronas, para el Niño y la Virgen, regalo de la reina Isabel II a la Virgen a manera de exvoto, tras salir ilesa de un atentado en palacio.

 

Entre los objetos domésticos de metal, llama la atención la colección de útiles y contenedores de las cocinas reales, sobre todo de la existente en el Palacio Real de Madrid.

La abundante variedad de objetos de cobre, hierro y estaño responde a los distintos usos culinarios de la conservación y preparación de alimentos, tanto en la cocina como en la repostería, con un espléndido repertorio de moldes, o en la cava.

La colección de relicarios de Patrimonio Nacional

La devoción personal de los monarcas y su afán por propagar la fe católica propiciaron la acumulación en los monasterios y conventos reales de una gran colección de reliquias, custodiadas en lujosas cajas labradas en oro, plata y bronce, con adornos de piedras preciosas, coral, marfil y maderas finas.

Uno de los relicarios más antiguos es el Lignum Crucis conservado en el Palacio de la Almudaina.

Fue fabricado en estilo gótico francés y adornado con esmaltes traslúcidos. El Monasterio de San Lorenzo de El Escorial reúne la mayor parte de las piezas adquiridas durante los reinados de Carlos V y Felipe II, destacando los dos grandes altares relicarios de los testeros las naves laterales de la basílica.

 

Se construyeron a modo de retablos, en forma de trípticos y con acceso también desde su parte trasera, la cual daba directamente a los pasillos de las habitaciones privadas del rey y de la reina.

 

Las hermanas de Felipe II, doña Juana de Austria y la emperatriz María, atesoraron en las Descalzas Reales ricos relicarios comprados a lo largo de su vida en Roma, Viena y Praga.

Se exponen en una sala especial de forma escalonada desde el suelo hasta el techo abovedado. La pieza más destacada es la preciosa arca de plata dorada, obra del platero alemán Wenzel Jamnitzer, que perteneció a la recámara nupcial de doña Ana de Austria, cuarta esposa de Felipe II, ofreciéndose al monasterio para guardar los restos de San Víctor.

El Monasterio de la Encarnación reúne un singular y rico conjunto de relicarios de distintos materiales, dispuestos en armarios vitrinas que cubren las cuatro paredes de la habitación. Los más valiosos corresponden a los siglos XVII y XVIII, predominando las tipologías de arqueta, ostensorio y templete.

En el siglo XVIII se adquirió un espléndido conjunto de relicarios italianos, con profusión de rocallas, temas vegetales, espléndidos relieves y figuras de bulto redondo, realizados tanto en plata como en bronce dorado que se conservan, casi en su totalidad, en el Relicario del Palacio Real de Madrid.

Arca De San Víctor

Ana de Austria

 

Cuando Ana de Austria llegó a Madrid en 1570 para convertirse en la cuarta esposa de Felipe II, trajo en su dote una riquísima colección de relicarios.

Desde ese momento, la nueva reina se vinculó al monasterio de las Descalzas Reales, fundado por su tía Juana de Austria, donándole importantes obras de arte.

Monasterio de las Descalzas Reales

 

Entre ellas destaca este Arca de San Víctor, realizada por Wenzel Jamnitzer en Nüremberg para ser en origen una arqueta nupcial.

La reliquia ingresó en el convento tras una solemne procesión a la que asistieron el cardenal Espinosa y los serenísimos príncipes Rodolfo y sus tres hermanos, los archiduques Ernesto, Alberto y Wenceslao.

Ana de Austria trajo la reliquia desde Praga. Primero se guardó en una simple arca de plata y después se trasladó a esta arqueta nupcial, mucho más rica, de plata dorada y esmaltada.

 

La reina Ana se la entregó a su tía Juana. El padre Carrillo, confesor del convento y autor de la Relación histórica de la Real Fundación del monasterio de las Descalzas, afirma en esta crónica que la reina Ana sentía gran devoción por este santo.

 

La arqueta, de forma prismática, descansa sobre una base de madera y chapas de plata, sostenida por seis bolas de cristal. Cuatro caracoles en las esquinas ejercen la función de patas. Cada una de las fachadas está decorada con columnas dóricas sobre basas cuadradas que sostienen un entablamento.

En los intercolumnios se abren arcos de medio punto que cobijan figuras de altorrelieve representando diversas virtudes. El resto de los motivos ornamentales de la arqueta son placas grabadas con grutescos y candelieri, cartelas con inscripciones en latín, bustos, figuras de bulto redondo, cabezas de carnero y de león, motivos geométricos, etc., todos ellos de estilo manierista.

La tapa, en forma de artesa, también está decorada con alegorías de virtudes identificadas por las cartelas en latín colocadas sobre ellas. En la parte superior, un grupo escultórico representa a tres mujeres y un niño alusivos a las virtudes del matrimonio, además de otros adornos naturalistas como tortugas, salamandras y conchas.

Wenzel Jamnitzer, destacado platero alemán, utilizaba frecuentemente en las decoraciones de sus obras pequeños elementos sacados de la naturaleza como caracoles, conchas, corales y animales grotescos, creando un estilo denominado por algunos investigadores como “rústico”.

Jamnitzer diseñó esta arqueta como una arquitectura clásica y la enriqueció, al tratarse de una arqueta nupcial, con motivos decorativos que alababan las virtudes del matrimonio, las cualidades morales y motivos alusivos a la fecundidad.

Su nombre y fecha de ejecución figura en una de las cartelas con inscripciones: “1570 Noric aurifaber venzlaus Gamnizer ista aeterni fecit ductus amore boni”.

El naturalismo aplicado a las obras artísticas era muy frecuente en las colecciones de la casa de Habsburgo desde tiempos de Maximiliano I.

Además, en esta obra se une la idea de meditación religiosa y palacio cortesano. En el año 1830 fue restaurada por el platero Pablo de Vargas Machuca.

Juego de tocador de María Isabel de Braganza

Juego de tocador de María Isabel de Braganza

 

El 16 de diciembre de 1815, en la reunión celebrada en el Ayuntamiento de Madrid, el corregidor expuso que el rey Fernando VII había manifestado que lo más agradable para festejar sus desposorios sería que ofrecieran a su futura esposa un tocador.

Como solía ocurrir en tales ocasiones, el real deseo se aprobó por unanimidad. Por tanto, el Ayuntamiento regaló a la princesa portuguesa María Isabel de Braganza un juego de tocador de plata dorada para su uso personal. El corregidor presentó al mismo tiempo una lista de objetos firmada por el platero Celestino Espinosa, regente en estos años de la Real Fábrica de Platería de Martínez.

En esta lista se incluían el número de piezas que debía contener y el valor, incluido el oro y la hechura de las mismas, que ascendió a 126.760 reales. Espinosa añadió el 7 de enero de 1816 otra lista de piezas necesarias por valor de 124.000 reales.

El 30 de agosto del año siguiente se hizo presente al Ayuntamiento que el rey había mandado que se trasladasen a Palacio las piezas y que se armara el tocador y se colocara en el salón destinado a ello.

Se acordó pedir a todos los artífices que habían intervenido la lista y la descripción de los objetos fabricados y se presentó al rey para su aprobación.

Las 53 piezas que finalmente integraron este tocador fueron realizadas por artífices españoles, destacando Ventura Pardo, Tadeo Aguado y Luis Pecul, éste último como broncista y dorador.

De todas ellas aún se conservan: el jarro aguamanil y la jofaina, dos candeleros, una palmatoria, seis cajas, seis botes, seis bandejas, una escribanía, un enjuague con su vaso, un perfumador grande, cuatro porta-joyas, dos porta-frascos, una bandeja para servidumbre de coser, una bandeja para botellas de cristal grandes y dos acericos que debieron contener almohadillas.

Las piezas, de plata dorada, están adornadas en general con aplicaciones de hojas, guirnaldas, palomas, parejas de tórtolas y escudos coronados realizados en plata en su color. Los candeleros embellecen sus fustes con cabezas de carneros al igual que los porta-joyas que adornan también su base con patos que sostienen con sus picos cadenas colgantes.

La escribanía luce en el centro una figura de la primavera y el perfumador, con forma de barco, cuatro culebras enroscadas en las asas. Este mismo adorno luce el mango de la palmatoria cuyo mechero soportan tres amorcillos. Las tapas de cuatro de los botes para pomadas soportan cada una un amorcillo que representan alegóricamente las cuatro estaciones del año y las otras dos, un pájaro cada una. Por último, otro amorcillo con coronas de laurel en las manos completa la decoración de los soportes para frascos. Esta riqueza de adornos demuestra la calidad artística del conjunto.

También se conserva una pieza para el jabón y la esponja que no aparece en las listas presentadas por Espinosa pero sí en el inventario presentado al rey en 1816.

Es una de las piezas más llamativas del conjunto al estar decorada con tres amorcillos que sujetan por las riendas a tres caballos Pegasos en actitud de elevarse. Y dos porta-cepillos con el anagrama de Isabel II que debieron formar parte del juego y se transformaron después.

Las seis bandejas que se conservan, tres de ellas ovaladas y tres de perfil cuadrado, responden a un modelo habitual de la Fábrica. El borde se decora con círculos tangentes cuyo espacio intermedio se rellena con apliques de hojas interrumpidos por cuatro florones, ejecutados todos estos adornos en plata blanca mate. En el centro de la bandeja se colocaron las cifras de S. M. que también fueron sustituidas años después por las de la reina Isabel II.

Los acericos lucen una barandilla calada similar a la que decora el borde de las bandejas. Se apoyan en bolas lisas sobre las que se posan parejas de palomas.

El sencillo diseño de este conjunto de piezas responde al gusto clásico. Las superficies lisas, bien pulidas, los volúmenes de su estructura y la armonía de la decoración demuestran la maestría alcanzada por estos artífices españoles. Nada tiene que envidiar a los ejemplares franceses.

Algunos elementos decorativos como las palomas y los amorcillos son alusivos al matrimonio. Las guirnaldas y las hojas de parra pobladas de racimos de uvas, estas últimas decorando el cuerpo del perfumador, simbolizan fecundidad.

Casi todas las piezas menos las bandejas llevan marca cronológica de 1815 (marcas: escudo coronado con osa y madroño, unas sobre 15 y otras sobre 16 y M).

El juego de plata dorada se completó con varios objetos de mobiliario cuya hechura dirigió el ebanista Mariano Pejón, con bronces trabajados por Espinosa: una mesa de tocador, dos sillones, una pareja de sofás y un par de pies de lavabo que servían de soporte al juego de lavamanos y a la pieza de enjuague con su copa. El ebanista Manuel Riobó, realizó un espejo de vestir.

La reina Mª Isabel de Braganza utilizó muy poco este juego de tocador, pues falleció el 26 de diciembre de 1818.

Referencias

LAS JOYAS DE LA FAMILIA REAL ESPAÑOLA

https://enriqueortegaburgos.com/las-joyas-de-la-familia-real-espanola/