El Protocolo Familiar – Parte I

El Protocolo Familiar – Parte I

 

Qué es el protocolo familiar y sus principales objetivos

Es incuestionable la importancia de la empresa familiar en nuestro país, tal y como explicaba en post anteriores, pues bien, también es incuestionable que muchas de ellas mueren en el primer o segundo relevo generacional. Según los datos mostrados por el Instituto de Empresa Familia , solo 30 de cada 100 empresas familiares superan el primer traspaso generacional, de esas 30 empresas solo el 50%, es decir, 15 de cada 100 empresas, superan el segundo relevo generacional de la familia empresaria. En definitiva, es el 15% de las empresas familiares españolas las que sobreviven, encontrándose éstas en su tercera generación.  De las estadísticas resulta que la continuidad de la empresa familiar no es tarea fácil, tal y como expone la Red de Cátedras de empresa familiar en su post “¿Por qué mueren las empresas familiares?” .

  • Superan la 3a generacion

  • No superan la 3a generacion

Pues bien, el protocolo familiar es un instrumento jurídico que tiene como objetivo fundamental, facilitar la singular característica de las empresas familiares, esto es, la continuidad transgeneracional, disminuyendo así, la desaparición de empresas familiares que traen causa en dicho motivo; la dificultad del relevo generacional.

Es cierto que, es uno de los mayores retos a los que se enfrenta una empresa familiar, esto no quiere decir que no pueda superarse, ya que existen en España empresas familiares que, han superado la 3ª generación o más y son compañías de mucho éxito, como por ejemplo Codorniú de la familia Raventós. Estas compañías de éxito en nuestro país las trataremos en posteriores post.

El protocolo conlleva la elaboración y consecución de un plan estratégico familiar, en el cual debemos plantearnos “¿Dónde estamos?” y “¿Dónde queremos llegar?”, una vez estos aspectos están definidos debemos buscar el método o forma de conseguirlo plasmándolo en el protocolo, es decir, definiendo la vía, la visión, los valores compartidos, planificando el relevo generacional para superarlo con éxito, seleccionando el talento familiar y atraer y retener el talento que no se encuentre en la familia, dirigiendo de manera armónica las relaciones familia-empresa-patrimonio, ya que aquí entran en juego tres realidades que no siempre tienen los intereses en concordancia, más bien en esa triple realidad que, concentra tanto cuestiones emocionales como empresariales y patrimoniales, la mayoría de las veces encontramos intereses contrapuestos. También será necesario para gestionar conjuntamente estos delicados ámbitos, familia y empresa, fijar una estructura que garantice que el proyecto empresarial común va a continuar con la familia unida y realmente comprometida con el proyecto en cuestión, para ello la herramienta más apropiada hasta el momento es el protocolo.

Para un verdadero cumplimiento de todas estas cuestiones no bastará que resulte correcto el protocolo en términos técnicos, sino que será esencial que todos los afectados se muestren involucrados activamente en el proceso, ya que solo existirá el verdadero compromiso que se requiere si verdaderamente existe participación de los afectados, exponiendo en común expectativas, inquietudes, puntos de vista y aspectos emocionales, empresariales y patrimoniales, con el fin de armonizar intereses, para forjar el verdadero compromiso.

En suma, 

el protocolo familiar es un plan estratégico del que se dota la familia y, el mismo surge como un proceso de comunicación intrafamiliar, en virtud del cual una familia empresaria establece por consenso las reglas que deben regir, en lo sucesivo, las relaciones familia-empresa-propiedad

, tal y como recoge el libro de Empresa Familiar: análisis estratégico, coordinado por Juan Corona.

Y los objetivos que persigue un protocolo familiar son esencialmente los siguientes:

  • Definir unos valores y una visión que sea compartida por la familia.
  • Fomentar la adherencia y compromiso de la familia con el proyecto empresarial común.
  • Favorecer la continuidad y viabilidad de la empresa, mediante una planificación que ayude a superar con éxito el relevo generacional.
  • Conservar el patrimonio y transmitir el legado.

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