KARL LAGERFELD: SU BIOGRAFÍA. PARTE 1.

KARL LAGERFELD: SU BIOGRAFÍA. PARTE 1.


CONOCE LA BIOGRAFÍA DEL DISEÑADOR OTTO KARL LAGERFELD: EL KAISER DE LA MODA.

 

 

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KARL LAGERFELD: SU BIOGRAFÍA. PARTE 1.

KARL LAGERFELD: SU BIOGRAFÍA. PARTE 2.

 

El prolífico diseñador de moda Karl Lagerfeld nació un 10 de septiembre de 1933 en Hamburgo Alemania Hijo del empresario Otto Lagerfeld y su esposa Elisabet Bahlmann. Su padre fue dueño de una empresa productora de leche en polvo. Sus progenitores se conocieron cuando su madre era vendedora de lencería de Berlín y se casaron en 1930.

Su hermana mayor, Martha Christiane, nació en 1931. Tuvo otra hermanastra mayor, Thea, del primer matrimonio de su padre.

Llegó a París desde su natal Hamburgo con una fuerte determinación para empezar su carrera. No contaba con unos estudios relevantes, algunas fuentes afirman que asistió a una escuela privada, en donde  Karl Lagerfeld estudió la secundaria en el Lycée Montaigne en París, donde se especializó en dibujo e historia.

De allí se convirtió en un dibujante prodigioso. En 1954, a los 21 años, ganó el premio International Wool Secretariat por el diseño de un abrigo, lo que le valió un trabajo de asistente al couturier Pierre Balmain, en cuyo estudio diseñaría trajes para películas y estrellas como Sophia Loren.

Poco después se convirtió en diseñador jefe de Jean Patou y en 1963 comenzó a colaborar con Gaby Agihon en Chloé (donde se le atribuye la redefinición del look and feel del prêt-à-porter) y en 1965 fue nombrado director creativo de la firma italiana Fendi, que hoy seguía dirigiendo y que se encuentra en este momento “inmersamente afectada”.

Lagerfeld, pionero en casi todo, también inauguró el concepto de los fichajes estrella en el negocio de la moda.

 

Karl Lagerfeld imbuido por la cultura francesa.

 

 

Los años 70 lo marcaron como un superviviente. Vivió intensamente la revolución cultural y social de París, coqueteó con las drogas y conoció el libertinaje sexual. Trabó amistades en las élites culturales de la época, de hecho fue íntimo del legendario fotógrafo Helmut Newton, quien le trasmitió el interés por la fotografía. Comprendió antes que ningún otro el poder de la imagen y fue construyendo la fábula de misterio que siempre le acompañó en vida.

Lengua ácida, mente sagaz. Y cuando la oscuridad llamó a su puerta, siempre dio media vuelta. En el momento en que tomó las riendas de Chanel, en 1983, él mismo sabía que el mundo estaría a sus pies.

Desde la muerte de Coco Chanel, a los 87 años, en 1971, la firma no conseguía reemprender el vuelo. Según explicaba él mismo, cuando llegó a Chanel “nadie vestía de la marca. Así que me lo tomé como un reto.

Los dueños me dieron carta blanca para crear, para hacer algo que funcionase, pero sin presión. Si no lo conseguía, venderían la marca: e insistieron en que con mi llegada vendría el éxito, como así fue.

Me atrajo la idea de resucitar algo que estaba muerto”. Y eso es precisamente lo que hizo: tomó los elementos clásicos del ADN de Chanel, los reinventó y amplió su horizonte hasta territorios nunca soñados. Reinterpretó el petite robe noire, los trajes de chaqueta de tweed, los bolsos gofrados y las perlas en infinitas ocasiones, pero también se adentró en el mundo del hip-hop (como en aquel icónico desfile de otoño de 1991), abrazó el sexy de los 90 con modelos estrella como Claudia Schiffer y se lanzó a diseñar vaqueros y zapatillas hechas a mano.

Lo maravilloso de su imaginario es que no importa las veces que diseñara la misma prenda, o que cambiara de inspiración radicalmente, porque todas y cada una de las colecciones que diseñó eran, a primera vista, reconociblemente Chanel. Y nunca perdió de vista los tres pilares sobre los que madmoiselle levantó la marca: independencia, libertad y modernidad.

Mientras tanto supo ver el valor de lo artesanal y todos los meses de diciembre en los últimos 17 años celebró un desfile dedicado a sus maestros artesanos. Hace poco más de un año regresó a Hamburgo con uno de estos shows, decidido a reivindicar su condición de profeta en su tierra, dedicándose un espectacular desfile Metièrs d’art en el único edificio a su altura: la magnífica Filarmónica diseñada por Herzog & De Meuron.

Después lo celebró asistiendo a la fiesta posterior, cenando entre los invitados. Tal es la pasión por el trabajo artesanal de la casa, que Chanel ha ido adquiriendo y salvando de la extinción algunas empresas de labores preciosistas, como Lemarié -plumajero desde 1880-, Causse -guantero desde 1892-, Massaro -botero desde 1894-, Barrie -mallero desde 1903-, Lesage -bordador desde 1903-, Desrues -bisutero desde 1929-, Maison Michel -modisto especialista en sombreros desde 1936-, Montex -bordador desde 1939-, Lognon -especializado en plisados desde 1945-, o Goossens -orfebre desde 1950-. A todas ellas les dio la libertad de seguir trabajando por su cuenta y para otras marcas, preservando así un saber hacer casi desaparecido de valor incalculable.

 

 

Lagarfeld en el siglo XXI.

 

Con la llegada del siglo XXI el káiser se propuso convertirse en icono pop. se enamoró de los trajes ajustados con los Hedi Slimane revolucionó el universo masculino de Dior (su competencia) y para poder llevarlos hizo una dieta, creada específicamente para él por el doctor Jean-Claude Houdret, con la que perdió 40 kilos en 13 meses.

Después la publicó en un libro y más tarde confesó que se alimentaba a base de Coca-Colas light. Antes de la llegada del iPhone, se hizo famoso por poseer 300 iPods, cada uno programado con música diferente. Convirtió en famoso a su gato Choupette y hacía hilarantes declaraciones a los medios, sin pelos en la lengua. “Adele está gorda”, “Odio a la gente fea”, o “Soy de clase trabajadora” (cuando se le atribuye una fortuna de más de 200 millones de euros y no cotiza en Francia, sino en Mónaco).

Jamás se quitaba las gafas de sol oscuras, ni se desprendía de su uniforme oficial: camisas con alzacuellos almidonado, mitones negros y una coleta perfectamente peinada. Fue el primero, en 2004, en firmar una colaboración con la marca sueca H&M. Ganó todos los premios posibles (Lifetime Achievement Award del Council of Fashion Designers of America en 2002, la legión de honor francesa en 2010 o el Outstanding Achievement Award del British Fashion Council en 2015).

Pero posiblemente el mayor legado de Lagerfeld ha sido la imprenta real que ha dejado en la vida: si hoy usted compra distraídamente una de las chaquetas de tweed que ahora mismo pueblan las perchas de Zara, o tiene curiosidad por la próxima colaboración estrella entre un diseñador y una marca asequible, es cosa de Lagerfeld.

Quizá, a su manera, sí que era inmortal. Murió estando en activo, el 19 de febrero del 2019. Tras 36 años al frente de la casa de moda más importante del mundosu último desfile, que ya no pudo disfrutar, fue un homenaje donde se juntaron algunas de sus musas -incluida Penélope Cruz-, a la que había estado muy unido en los últimos meses de su vida y que le dedicó el número de Vogue España del que fue editora invitada. Ese mismo año, Lagerfeld se convirtió en la persona de moda más buscada en Google y LVMH anunció la creación del Karl Lagerfeld Prize.

Polifacético como pocos –diseñaba, fotografiaba, editaba e ilustraba, entre otras cosas–, reconocía: “Me interesan casi todos los aspectos de la cultura y siento que todos me influyen de alguna manera. No existe una regla sobre lo que es inspirador y cómo puede afectarme. Para mí lo que funciona es observarlo todo, y luego olvidarte de ello y rehacerlo a tu modo“.

Se reconocía un gran admirador de la cultura española: “Me encanta España. Me gusta visitar el Museo del Prado para ver Las Meninas, uno de los cuadros más bonitos del mundo”.

Con su marcha dejaba una industria huérfana y un nutrido grupo de amigos -André Leon Talley o Anna Wintour que le dedicó un precioso texto en Vogue en el que lo calificaba de “amigo brillante”– y de musas –Inès de la FressangeClaudia Schiffer…-.

También un gran legado que incluye un sinfín de piezas atemporales y alejadas de las tendencias, una gran atención a la artesanía -encajes de Lesage, plumas de Lemarié, botones de Desrues…-, epatantes escenografías y un buen puñado de clásicos, que Karl no dudó en reclamar, refrescar y reeditar, como el 2.55, los slingback, las perlas o las camelias y que demostraban no hay nada más eterno que aquello capaz de cambiar constantemente.

Cuando se cumplía un año de su muerte, la periodista Suzy Menkes le dedicó un texto en el que amigos y colegas del mundo de la moda –de Silvia Venturini Fendi a Claudia Schiffer– compartían su recuerdo del legendario diseñador. Además, se anuncia que el diseñador se convertirá en la temática central de la exposición del MET en 2022.

 

 



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