El grupo PUIG: Historia 1

El grupo PUIG: Historia 1

Historia de la Compañía

Puig Beauty and Fashion Group S.L. es una de las principales empresas de cosmética y perfumería del mundo y la mayor empresa de este tipo en España.

La firma fabrica perfumes finos, cosméticos y artículos de tocador, así como marcas de mercado masivo.

El grupo Puig una empresa familiar que ha sabido llevar bien el relevo generacional

 

Opera diez centros de fabricación, con ubicaciones en España, Francia y México, y opera tres centros de diseño de moda, con ubicaciones en España, Francia y Estados Unidos.

Puig distribuye sus líneas en más de 150 países de todo el mundo. Casi el 70 por ciento de las ventas de la compañía provienen de Europa, y otro 20 por ciento se origina en los Estados Unidos.

Algunas de las marcas conocidas de Puig son Lavanda Puig, Agua Brava, Azur de Puig y Quorum.

Puig también es propietario de la establecida empresa francesa de perfumes Nina Ricci.

Algunas de las principales fragancias de la firma están asociadas con reconocidos diseñadores de moda, entre ellos la diseñadora venezolana Carolina Herrera y el diseñador francés Paco Rabanne.

Puig también tiene un acuerdo de marketing con la casa de moda italiana Prada.

La firma comenzó como distribuidora de perfumes franceses en España y se convirtió en la primera firma española de artículos de tocador.

Puig se expandió a Europa y América del Norte en las décadas de 1980 y 1990 y ha seguido creciendo rápidamente a través de adquisiciones.

Puig es propietario de dos de sus antiguos competidores principales españoles, Myrurgia y Perfumeria Gal.

Puig Beauty and Fashion Group es propiedad de miembros de la familia fundadora Puig, aunque en la década de 2000 el cargo de consejero delegado pasó por primera vez a una persona ajena a la familia.

Modestos comienzos en la década de 1920

El edificio que alberga la nueva sede de la compañía en Barcelona fue inaugurado en abril por los entonces Príncipes de Asturias y Artur Mas.

 

En 2014 el grupo celebraba un siglo

Este año se celebra el centenario de la fundación de Puig, la gran empresa de lujo española

El sexto productor de perfumería selectiva en el mundo se ha expandido hacia la moda, donde controla firmas como Jean Paul Gaultier o Carolina Herrera

Dos generaciones de la dinastía relatan una historia que va desde un bajo en L’Eixample de Barcelona hasta una multinacional que opera en más de 130 países

Ese año 2014 se celebraba el centenario de la fundación de Puig, el gran grupo del lujo español.

De izquierda a derecha, Mariano, Antonio hijo, José María, Antonio padre y Enrique.

 

El edificio, de 100 metros y 22 plantas, está cubierto por tiras de cristal con 15 grados de inclinación. Firmado por Rafael Moneo y GCA Arquitectos, brilla al sol en la zona de oficinas conocida como Plaça d’Europa, en L’Hospitalet de Llobregat.

La inauguración de Torre Puig es una de las más ostensibles demostraciones de los logros de la compañía del mismo nombre en 106 años de vida cumplidos en 2020.

Solo los más salvajes sueños de grandeza de Antonio Puig le hubieran permitido imaginar que sus nietos festejarían este aniversario vendiendo sueños embotellados en frascos de perfume en más de 130 países con la ayuda de 4.200 empleados (el 40%, en España) y por valor de 1.499 millones de euros al año.

Que serían el sexto productor mundial de perfumería selectiva o que la Universidad de Harvard haría un caso de estudio con su historia. Y, sin embargo, la Torre Puig no es más que la plasmación de la herencia que Antonio inculcó.

Hitos claves en la historia de la compañía

1914:

Antonio Puig funda una empresa en Barcelona.

1922:

Puig estrena la primera barra de labios española, Milady.

1939:

La empresa lanza un agua de colonia íntegramente española, Lavanda Puig.

1968:

Se estrena la marca Agua Brava.

1981:

La compañía lanza una fragancia masculina, Quorum.

1988:

Se presenta el primer perfume de Carolina Herrerra.

1995:

La empresa adquiere la mayoría de su rival española Perfumeria Gal.

2000:

Puig adquiere otro rival doméstico, Myrurgia.

 

Hijo de un productor de la tierra

Hijo de un productor de patata temprana de Vilassar de Dalt, Antonio (1889-1979) estudió en una escuela de jesuitas de Londres y volvió a Barcelona en 1912 con la representación de un catálogo de variopintos productos: de libros a caucho, pasando por perfumes.

Cuando dos años después un submarino alemán hizo naufragar un barco cargado con su mercancía en una refriega de la Primera Guerra Mundial, no se amilanó por la bancarrota.

Empezó de nuevo, decidido a centrarse exclusivamente en la distribución de perfumería.

Era el año 1914 y esa determinación fue la semilla de un imperio que hoy comprende la propiedad de cuatro firmas de moda y perfumería (Paco Rabanne, Carolina Herrera, Nina Ricci y Jean Paul Gaultier), y las licencias para producir las fragancias de Valentino, Comme des Garçons, Prada y Benetton, entre otros.

De una escalera a un rascacielos, la ambición de la familia siempre apuntó hacia arriba.

El impulso con la nueva sede en 1946

Aunque su primera fábrica estaba en los sótanos y el bajo del edificio de la calle de Valencia –en L’Eixample barcelonés– donde Antonio vivía con su esposa Júlia y sus cuatro hijos (Antonio, Mariano, José María y Enrique), fue el traslado a un inmueble en Travessera de Gràcia en 1946 lo que propulsó a la empresa.

Primer pintalabios en 1922 y en 1939 Agua Lavanda

Antonio empezó pronto a fabricar sus propios productos, y ya en 1922 produjo el primer pintalabios hecho en España.

Pero fue en 1939 cuando obtuvo su mayor éxito comercial, Agua Lavanda.

Era una colonia nacida de la dificultad, ya que los obstáculos para importar esencias en la posguerra española le obligaron a buscar soluciones cercanas.

Junto al perfumista francés Segal, desarrolló un aroma bucólico y campestre que dejaría un rastro de lavanda, espliego, salvia y tomillo en la España que se conoció como de “blanco y negro”.

Junto a Paco Rabanne

 

Calandre fue el primer perfume producido junto a Paco Rabanne en 1969. Su frasco está inspirado en el edificio de la ONU en Nueva York.

Con el impulso de Agua Lavanda, Antonio se aventuró a comprar el edificio de Travessera de Gràcia y a construir en él una majestuosa escalera que parecía prometer el acceso a un mundo más exquisito y refinado.

Su segundo hijo, Mariano Puig, recuerda la importancia de este paso: “Cuando Edwin Rüschmeyer, alto directivo de una de las firmas que representábamos, vio el nuevo local, exclamó: “Esta es una jaula muy grande para un pájaro muy pequeño!”.

“Después de ver la escalera, te miraban de otra forma”, confirma su hermano José María Puig.

“No necesitabas más tarjeta de presentación”.

Williams, Jean Patou, Max Factor o 4711 fueron algunas de las marcas que trabajaron con ellos.

La competencia era más fuerte que PUIG

Entonces, Myrurgia y Gal eran empresas cosméticas mucho más boyantes que Puig.

La primera, entre 1946 y 1960, era el primer exportador de perfumería en España.

Los logros de una generación son solo el punto de partida para la siguiente.

La escalera de aire parisiense se quedó pequeña para las ambiciones de los hijos de Antonio.

La fábrica de Chartres, en Francia, es una de las cinco que posee la empresa.

 

A partir de los años cincuenta, Antonio hijo (Barcelona, 1924) y Mariano (Barcelona, 1927) se incorporaron a Puig.

José María (Barcelona, 1931) fue destinado a la empresa de productos metálicos que el patriarca había creado para fabricar los estuches de sus pintalabios y así no depender de proveedores.

Enrique Puig (1939-2008) llegó años después que sus hermanos al negocio y pasó a ocuparse de las relaciones públicas.

Un campo en el que demostró un gran talento, con iniciativas como el patrocinio de la Copa del Rey de vela en Palma de Mallorca.

Progresivamente, el padre fue cediendo el control.

Un padre generoso

“No fue cosa de un día, ni de una semana, sino un proceso”, recuerda Mariano.

“Era un hombre muy generoso, y solía decir que en la vida hay cinco etapas. La primera es aprender a hacer; la segunda, hacer; la tercera, hacer de verdad; la cuarta, enseñar a hacer, y la última, dejar hacer”.

Durante sus últimos años, aquejado de reúma y sordera, vivió en el balneario de Caldes de Boí.

Antes de morir, en febrero de 1979, llamó a sus cuatro hijos y les legó otra de las frases que marcaría su filosofía vital y profesional. “Haced piña, juntos seréis más fuertes”, aseguran que les dijo en sus últimos momentos.

La fuerza de la segunda generación

El motor del cambio de la segunda generación Puig fue la combinación de fuerzas entre dos hermanos con muy distintos caracteres.

Antonio hijo destacó por lo creativo y Mariano, por su visión para la expansión internacional.

El primogénito mostró un olfato para el diseño industrial insólito en la España autárquica de los años cincuenta.

Afirmaba Antonio hijo: “Mi padre intuía que la perfumería y el arte iban ligados. Nos dio mucha libertad para encontrar nuestro camino”.

Antonio hijo primero innovó con la publicidad, que en 1958 encargó a un curioso tándem formado por el fotógrafo Oriol Maspons y el crítico de arte y grafista Alexandre Cirici i Pellicer. Pero pronto le pareció evidente que Agua Lavanda necesitaba transformar su presentación y remodelar su anticuado frasco.

Los primeros nombres de los productos

Puig Beauty and Fashion Group recibió originalmente el nombre de su fundador, Antonio Puig.

El viaje de Puig a Francia e Inglaterra fue fundamental para decirse por la distribución de cosméticos y perfumes extranjeros.

España contaba entonces con muy poca industria autóctona de artículos de tocador, y por esta época también se instalaron varias empresas que se convirtieron en los principales competidores de Puig, justo antes de la Primera Guerra Mundial.

Marc Puig es el consejero delegado y presidente de la compañía

 

España permaneció neutral durante la Primera Guerra Mundial y sus mercados florecieron.

En 1922, Puig comenzó a fabricar sus propios cosméticos además de importarlos. Ese año la compañía lanzó Milady, que fue la primera barra de labios fabricada en España.

Puig siguió siendo una pequeña empresa durante la década de 1920, pero la industria del perfume comenzó a afianzarse en España.

En 1931, Antonio Puig se convirtió en el primer presidente de la recién formada asociación española de fabricantes de perfumes, con sede en Barcelona.

Puig estableció firmes relaciones comerciales con perfumistas y proveedores de aceites esenciales en Francia, Alemania y Suiza.

La Guerra Civil Española (1936-39) trajo el caos a España, y los años siguientes bajo el dictador Francisco Franco vieron condiciones económicas muy diferentes a las de los años anteriores a la guerra.

La economía española se cierra

Franco insistió en que la economía española sea autosuficiente y esté aislada de los mercados internacionales.

Esto dio a las empresas locales la oportunidad de crecer sin competencia internacional, pero también impuso restricciones extremas a empresas como Puig, que dependía de las importaciones.

Puig, sin embargo, logró negociar bastante bien la nueva realidad económica.

En 1939, la empresa lanzó Lavanda Puig, un agua de colonia que se convirtió en una de sus marcas más vendidas.

Lavanda Puig se hizo con lavanda cultivada en España. Era un producto local diseñado para el mercado nacional y se convirtió en un nombre familiar en España.

Puig siguió siendo una empresa puramente española durante los años cuarenta.

Antonio Puig continuó presidiendo la asociación de la industria del perfume, que se había convertido en una organización obligatoria bajo el control del gobierno.

No obstante, mientras Puig fabricaba y vendía perfumes en España, la empresa pudo mantener sus conexiones con la industria europea del perfume.

Los vínculos con Alemania

Puig tenía estrechos vínculos con el fabricante alemán Muhlens, conocido por su marca No. 4711 de agua para inodoros.

Muhlens representó los productos de Puig en Alemania en los años cuarenta.

En la década de 1950, algunas de las restricciones sobre la economía española comenzaron a relajarse y Puig comenzó a explorar más el marketing internacional.

Década de los 60

Tras mucho buscar, en 1962 encontró en André Ricard a un diseñador capaz de insuflar modernidad a los productos.

Su envase con forma de castaña ha decorado las estanterías de los baños españoles durante décadas (a partir de 1968 como recipiente de otra fragancia, Agua Brava).

El diseñador gráfico suizo Yves Zimmermann remató el cambio con un logotipo emblemático.

A partir de ahí, la sintonía entre ellos y los Puig se plasmó en productos que forman parte de la educación sentimental y visual de un país: Azur (1968), Brummel (1977) o Quorum (1982).

Gracias a ellos, Ricard recibió el Premio Nacional de Diseño en 1987; la firma Antonio Puig, en 1988, y Zimmermann, en 1995.

Mientras tanto, Mariano proyectaba su inquietud y ambición hacia otros territorios.

Tras estudiar en la segunda promoción de la escuela de negocios IESE en 1958, empezó a soñar con escapar de las fronteras que España imponía.

Fernando Aleu, un atrevido estudiante de medicina, propuso a los Puig de forma espontánea distribuir Agua Lavanda en Estados Unidos y así crearon en 1962 la primera filial de Puig en el extranjero.

Seis años después, el espíritu de modernidad pasó del exterior al interior de la botella con la creación de Agua Brava, una bofetada de frescor y simplicidad.

En ese momento se pasó de productos primitivos a otros mucho más modernos.

Puig se convirtió en una de las primeras compañías en contar con una división dedicada a esta disciplina en España. Enrique, el hermano pequeño, jugó en ello un papel destacado.

Antonio comprendió que su diseño estaba anticuado y Mariano, que necesitaban exportar.

 

 



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